Es un hecho que la expectativa de vida aumenta progresivamente y la mayor parte de nuestros mayores vive esta etapa vital con buenos niveles de autonomía y una aceptable salud y bienestar. Las mejoras en las condiciones de vida, que se han traducido en que las personas lleguen a esta edad en óptimas condiciones físicas, psíquicas y de autonomía, nos dan una imagen de las personas de edad que nada o poco tienen que ver con la imagen que tradicionalmente hemos tenido de ellas.

El envejecimiento de la población es uno de los mayores logros de la humanidad. Es, asimismo, uno de sus mayores desafíos ya que impone grandes exigencias económicas y sociales a los sistemas de protección social, a las familias y comunidades, a las entidades que trabajamos con y para este colectivo,... Sin embargo, el incremento de la expectativa de vida no conlleva necesariamente calidad de vida. De hecho una población envejecida implica una alta probabilidad de que se vivan más años con discapacidad y dependencia. Es por ello que el gran reto que plantea el envejecimiento a Gobiernos, comunidades, familias, a los propios mayores y a las entidades que trabajamos con ellos, es aumentar la esperanza de vida con calidad de vida.

En los últimos años ha surgido un nuevo paradigma sobre la vejez y el envejecimiento que pone el acento en las potencialidades de los mayores, paradigma que apuesta por una visión positiva de esta etapa vital. Este nuevo enfoque, en el que se contextualiza el trabajo de la Fundación PEM, ve esta etapa como un periodo de crecimiento y realización personal, con entidad y objetivos propios, no una etapa de declive y decadencia, vacía de contenido. En nuestra labor adquiere especial significación el énfasis en la responsabilidad y el esfuerzo personal en el cuidado de la propia salud integral (física, mental y social) desde una perspectiva de ciclo vital. Desde la Fundación consideramos que hoy más que nunca es necesario promover una nueva cultura del envejecimiento en la que el enfoque preventivo prevalezca sobre el enfoque más puramente asistencial.

Las políticas sociales y las intervenciones han de estar encaminadas, entre otros fines, a impulsar actividades de formación e información que contribuyan a que esta etapa vital se desarrolle con mayores niveles de bienestar, más autonomía y mayor participación. En definitiva, fomentar el envejecimiento activo y saludable (en términos de optimización de potencialidades y mejora de la calidad de vida) para que los mayores puedan envejecer con seguridad y dignidad, a la vez de garantizar la continuidad de su participación activa como ciudadanos con plenos derechos.

El objetivo institucional de la Fundación, que concibe a las personas mayores como un valor en sí mismos, es contribuir a la construcción de un nuevo rol activo y participativo de las personas de edad haciendo de esta etapa vital una experiencia positiva y satisfactoria:

  • Promoviendo estilos de vida activos y saludables que conviertan a la persona en el protagonista de un nuevo modelo y estilo de envejecer.
  • Favoreciendo su integración y presencia social, el acercamiento intergeneracional así como su participación útil, activa y crítica en la vida comunitaria.
  • Capacitándoles para vivir con una dimensión positiva y creativa.